Una carrera única

Cada maratón tiene lo suyo. Y si se habla de las seis Majors, más todavía. La más universal, Nueva York. La más legendaria, Boston. La más veloz, Berlín. La más exótica, Tokio. La más amigable, Chicago. En ese camino, Londres bien puede ser la más glamorosa. Pero lo cierto es que, por historia y por presente, y tal vez también por futuro, está en condiciones de aplicar a las cualidades de todas las demás... Y si hay una edición que puede corroborar todo eso es la que viene, la que se correrá el próximo domingo 22 de abril: London Marathon 2018

Si se habla de leyenda y, cómo no, de cierto exotismo, bastará decir que se cumplirán 110 años de la primera vez que a los 42 kilómetros se le agregaron 195 metros. Fue justamente allí, en los Juegos Olímpicos de Londres de 1908, que al Príncipe de Gales, Jorge V, y a la Reina Alexandra se les ocurrió que la madre de todas las carreras debía largarse frente al Castillo de Windsor y debía finalizar frente al palco real, ya dentro del estadio olímpico. 

La decisión marcó un antes y un después. Sigue y seguirá viva la leyende de Filípedes, aquella que atribuye al soldado griego el haber corrido alrededor de 42 kilómetros desde la ciudad de Maratón hasta Atenas para anunciar el triunfo de los griegos sobre los persas en la Batalla de… Maratón. Sigue y seguirá siendo la primera maratón aquella que se corrió en los inaugurales Juegos Olímpicos de la era moderna, en 1896, con el atleta griego Spyridon Louis convirtiéndose en un Filípides bien real, primer campeón olímpico. Pero fue en 1908 y en Londres que la Maratón se convirtió y así siguen, un siglo y diez años después, en la carrera de los 42,195 kilómetros o 26.2 millas.

El aniversario no pasará inadvertido. La encargada de dar la orden de salida será la reina Isabel II, igual que su madre, la princesa Mary, lo hizo entonces, desde los mismos jardines de Windsor. Exóticos a su modo, los personajes de la familia real se involucran siempre con una carrera que saben importante para su ciudad. Sea por los 40000 corredores (y sus acompañantes) de todo el planeta que reciben; sea por el movimiento económico que estos generan; sea por el acercamiento que eso genera. Sea por lo que sea, allí estarán también los príncipes Harry y William, oficiando como voluntarios. 

Si se habla de velocidad, tal vez baste recordar lo que sucedió en la edición de 2016, cuando Eliud Kipchoge le ganó a Stanley Biwott con un furioso sprint final para registrar 2h03m05. Récord de la prueba, obvio, y a escasos 8 segundos de la marca mundial que aún ostenta Dennis Kimetto (2h02m57, Berlín, 2014). Las calles londinenses fueron arrasadas en aquella edición por nombres como el de Kenenisa Bekele, (el otro) Ghebrselassie, Wilson Kipsang y los propios Kipchoge, Kimetto y Biwott. Ellos fueron los… culpables de pasar los primeros  10K en 28m37 y la media maratón en 1h01m24, para proyectar un récord mundial posible de 2h02m48. Demasiado rápido: en el 35K, el récord ya era una utopía… Pero también un indicio de que, allí, es posible.

Por eso, en este 2018, aterrizarán en Londres pero para volar allí, Kipchoge y Bekele. Kipchoge, con la chapa de ser el mejor maratonista del momento. Bekele, por tercer año consecutivo, cada vez mejor (3° con 2h0636 en 2016; 2° con 2h05m57 en 2017). No estarán solos. Con ellos, ya instalado definitivamente en la distancia, estará nada más y nada menos que Mo Farah, el gran ídolo local. No será su primera vez: corrió allí mismo en 2014, con 2h08m21 como marca, aunque será la primera vez que compita de verdad. Entre los tres suman 8 medallas de oro olímpicas y 12 medallas de oro en campeonatos del mundo. ¿Qué más? ¿Hay más en esta edición única de London Marathon 2018?

Sí, hay más.

A los 71 años, con el nombre completo y el dorsal que la identifican para toda la historia, será de la partida Katrhine Switzer (261). Imposible disociar esas letras y esos números. Alguna vez, exactamente en 1967, ella se inscribió en la maratón de Boston sólo con las iniciales: KV Switzer. Por entonces, las mujeres no estaban prohibidas en la distancia, pero tampoco autorizadas. Y eso quedó demostrado cuando Jock Semple, el iracundo director de la carrera, detectó a aquella atleta que, vestida con buzo y jogging grises, ostentaba el número 261 y violentamente intentó sacarla del recorrido, al grito ya legendario de “¡Salí de mi carrera y devolveme el dorsal!”. 
Lo impidieron el novio de Kathy, el jugador de ´futbol americano Tom Miller, y su entrenador, Arnie Briggs, que le dieron un empujón todavía más fuerte al hombre vestido de traje oscuro. Tan oscuro como la escena, observada y registrada desde el camión de prensa, que justo marchaba delante. Kathrine, entonces estudiante de periodismo en la Universidad de Siracusa, alemana nacionalizada estadounidense, era también jugadora de hóckey. Pero quiso hacer, de manera explícita, lo que un año antes Roberta Bobbi Gibb había hecho de incógnito: correr una maratón con los hombres. A regañadientes, su entrenador aceptó ese camino ambigüo, de inscribirse con las iniciales.

Finalmente, con incidente incluido, Kathrine Switzer, ya con nombre completo, termino la competencia en 4 horas y 20 minutos. Como declaro muchos años después, entonces no tenìa ni idea de lo que su gesto y aquellas imágenes iban a provocar en el mundo del deporte: “Me siento muy agradecida a ese hombre enojado, porque cambiò no sòlo mi vida, sino la de millones de mujeres. La gente me dice: ‘Es terrible’, pero siempre les contesto: ’A su pesar, èl hizo màs por las mujeres atletas que nadie, porque creó una imagen que se ha vuelto un ìcono de la lucha femenina en el deporte’. Es fantástico. Al final, nos hicimos amigos…”.  

Su lucha continuó hasta lograr que la maratón femenina fuera incluida en los Juegos Olímpicos. “Eso sì: si no hubiera terminado aquella carrera, habría gente que diría que los mujeres siempre quieren hacer cosas de hombres y no están capacitadas”.

Pero lo logró. Y volvió a hacerlo, en el mismo lugar, en 2017, cuando se cumplieron 50 años de su gesta. Repitió en Nueva York, también el año pasado. Y en este 2018, justo cuando se celebraba un Día de la Mujer muy especial, ella anunció que correrá la Maratón de Londres. “Siempre quise hacerlo, pero estaba demasiado ocupada. Ahora es el momento y me siento muy honrada y emocionada de estar allì”.

Honrada y emocionada. Como todos los que estarán (los que estaremos) en una carrera única. Glamorosa, sí. Pero también universal, legendaria, veloz, exótica y amigable.

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