Lo mejor es el camino

"Lo peor ya pasó; sólo queda disfrutar del viaje", me escribió Luis Migueles un par de horas después de terminado el entrenamiento, a 15 días exactos de la Maratón de Londres y después de otro fondito de descarga, justo de 15 kilómetros. Atrás había quedado una mañana hermosa para correr, bajo un cielo londinense pero en el Bajo de San Isidro, y antes de un mediodía con una lluvia de esas que limpian y encierran.

“Lo peor”, en realidad, tiene mucho de bueno. Preparar una maratón también es un viaje que se disfruta. Con altibajos, con tiempos y contratiempos, con aliento y desaliento. Con cuestas, reales y mentales. Libritos hay muchos, pero en un capítulo todos se plagian: hay que entrenarse, cuando se pueda y como se pueda. Después, el cuerpo y la mente decidirán.

En este caso, el punto máximo de exigencia llegó 29 días antes de la gran cita (Ver CON LOS PIES SOBRE LA TIERRA), con el fondo largo de 32K. La descarga empezó enseguida…

Lunes 26 de marzo (-27)

Si correr una maratón es una clase de anatomía al paso –uno detecta músculos que ni sabía que allí estaban-, tomar clases de yoga para complementar la preparación es una clase de anatomía y de psicología al mismo tiempo. Tal vez no sea casual que después de las primeras lecciones de Rocío haya sentido aquello de “Los pies sobre la tierra” y el reloj a un lado. También, claro, cómo la columna vertebral empezaba a alinearse, desde las cervicales hasta las lumbares, y los músculos se estiraban hasta la ilusión: ¿habrá posibilidades de crecer, aún? No, obvio que no, pero sí posibilidades  de sentirse mejor, como cuando se escucha, en medio de una música zen, la orden de “adomuca”. En realidad, Adho Mukha Svanasana, una postura que al ser googleada responde con una descripción sencilla y alentadora: “Asana (postura) clave en nuestras prácticas de yoga y que con el tiempo aprenderemos a disfrutar y utilizarla como transición a otras e incluso como postura para encontrar la calma necesaria. Desde la postura “a gatas” elevamos la cadera llevándola todo lo que podamos hacia arriba y hacia atrás. Se puede entender la postura como una “V” invertida. El cuello se debe relajar y los hombros deben quedar alejados de las orejas. En esta postura debemos buscar la comodidad dentro de la dificultad que pueda plantearnos. Al comenzar a practicar esta asana lo importante es que nuestra espalda se alargue aunque en un inicio no podamos estirar las piernas ni llegar con los talones a tocar el suelo”. Pero lo más revelador aparece en el ítem *Beneficios: “Una de las posturas que más beneficia tras una larga carrera”. Sí, “tras una larga carrera”, así dice. Y previa también. Porque, además, cuando se llega al ítem *Contraindicaciones, uno se encuentra con esta respuesta: “-“. ¿Y qué grupos musculares involucra? “La columna debe estar neutra, los gemelos, isquiotibiales y glúteos se encuentran en extensión mientras que dorsales, deltoides y los músculos de la mano y muñeca están en contracción concéntrica”. Los gemelos, sí. Linda manera de empezar la semana.

 

A post shared by Daniel Arcucci (@daniarcucci) on

Jueves 29 de marzo (-24)

La semana, justamente, pero de trabajo, estuvo marcada por el traumático 1-6 de la selección argentina contra España, el martes 27. Difícil separar lo laboral de lo personal: en tiempos de histeria, hay que pensar todavía más lo que se dice y lo que se escribe cuando lo que para muchos es entretenimiento para uno es trabajo. En eso estaba en ese Jueves Santo, pero no Feriado, y era una razonable razón, valga la redundancia, para dejar el entrenamiento para la tarde, después de #90minutosFOX. Pero postergar, en general, cuando de entrenar se trata, no es una buena decisión. 
Un desayuno bien fuerte, entonces, fue el último impulso para aprovechar una mañana ideal para correr. Entre otra gente al trote y muchas más al sol, ellos sí en feriado, salieron 2000m de calentamiento, 2000m progresivos y dos pasadas más de 2000m, además de un montón de ideas ordenadas, para debatir en @foxsportsarg y para volcar después en daniarcucci.com
Porque #CorrerDespeja, #CorrerDesCansay, ya se sabe, #AnteLaDudaCorré

 

A post shared by Daniel Arcucci (@daniarcucci) on

 

Sábado 31 de marzo (-22)

¿Puede un fondo de 24K ser más pesado que un fondo 32K, con apenas siete días de diferencia? Sí, puede, sobre todo si el día acompaña en pesadez. Fue el reencuentro con el #MiguelesTeam, después de varios sábados en soledad por decisión propia y por introspección, y dos razones jugaron en contra: una, el entusiasmo, que muchas veces –como en carrera- lleva a ir más rápido de lo que se debe; otra, la humedad, con un porcentaje superior al habitual.
La compensación fue el trabajo en equipo, eso de tirar por el otro cuando el otro se cae y ser tirado cuando uno cree no poder más. Allá fuimos, entonces, desde Paraná y el río primero hacia el centro y luego hacia el norte, tocando San Isidro, Vicente López y San Fernando, con Eduardo Caamaño Rial (que correrá Boston para completar sus seis Majors); Ivo Maugeri (que correrá Montevideo), Fede Fernández (que experimentaba más allá de los 20K por primera vez) y Maria Marta (que nos llevó a todos, de ida y de vuelta). 

Martes 3 de abril (-19)

Después de un par de días de trotes regenerativos y suma suave de kilómetros, llegó el reencuentro con #NuestroCentralPark, el Rosedal, para las últimas pasadas, de 1600, 1200 y 800.

 

 

A post shared by Daniel Arcucci (@daniarcucci) on

 


Jueves 5 de abril (-17)

Otra vez la agenda futbolísticalaboral se impone sobre la del entrenamiento y obliga al cambio de horario y de escenario. Un privilegio tener casi en la puerta una pista propia, la del caminito del Tren de la Costa. Antes de que llegue el momento de ver los partidos por la Copa Libertadores en fila, se cumplió la orden de Luis Migueles: “10 kilómetros tranquilos”.  Y así fueron, tranquilos como el Bajo de San Isidro antes del atardecer, con un clima que invitaba a ir cada vez más rápido, a respirar el aire puro.

 

A post shared by Daniel Arcucci (@daniarcucci) on

Sábado 7 de abril (-15)

Los ojos todavía entrecerrados del amanecer temprano detectan el primer post que aparece en la pantalla del celular, al abrir Instagram. “Faltan 15 días”, informa la propia London Marathon. Una señal. Faltan 15 días y hay que hacer 15 kilómetros. Llueve o truene, que siempre es así. El encuentro con el #MiguelesTeam en Paraná y el río es festivo. El camino es conocido. La lección está aprendida. Es un fondo de descarga, hay que hacerlo con calma y con placer.

Lindo ritmo con grandes amigos y compañeros, antes de la lluvia: @edu_caamano (que le agregó cuestas, porque él correrá @bostonmarathon); @ivomaugeri (que me ayudó a marcar el ritmo cuando mi reloj se volvió loco y correrá #MaratónMontevideo) y @fedefernandez111 (el doble de #Meb, que más pronto que tarde será también maratonista). Hacia el norte, hasta Punta Chica. El reloja engaña y le juega una mala pasada a la cabeza: el cuerpo va exigido y los números marcan que se va demasiado lento; mienten. Se dan cuenta los compañeros y, a partir de allí, justo en la mitad de la tarea, es cuestión de dejarse llevar por las sensaciones, que mágicamente pasan a ser buenas. Es traidora, la mente. El cierre es por debajo de los 5 minutos el kilómetro, como caballo que vuelve pa’ la querencia. Apenas llegar, se larga a llover. No hubiera estado mal tampoco el trote bajo el agua, que siempre purifica. La jornada se alarga con unos buenos mates y después es tiempo de volver a trabajar en casa, que la lluvia también inspira para eso.

Antes llegará aquel mensaje de Luis: “Lo peor ya pasó; sólo queda disfrutar del viaje”. Le agradezco. Le contesto: “Lo bueno es que se disfrutó el camino. Y se aprendió”. Vuelve a escribirme: “Ahora a relajarte. Vas a sorprenderte en Londres”. Siempre es lindo sorprenderse.

 

A post shared by Daniel Arcucci (@daniarcucci) on