Con los pies sobre la tierra

Esto siento cuando acabo de terminar mi último fondo largo, de 32K, a 29 días de London Marathon. Que disfruté, que voy a disfrutar. Con los pies sobre la tierra. Que eso trasciende el tiempo, los tiempos.

Cuando (re)inicié esta actividad, esto #DeCorrer, fue para escaparme de algo. Correr habia corrido siempre, pero esa vez fue para huir de un estado de ánimo que invitaba a lo contrario, a quedarse quieto. Desde entonces, hablamos de finales de 2012, de principios de 2013, ha pasado relativamente poco tiempo y objetivamente muchos kilómetros. Aunque la esencia permanece -"Corro cuando estoy mal, para estar bien; corro cuando estoy bien, para estar mejor", sigue siendo mi mantra preferido-, el enfoque se ha ido ajustando, según la circunstancia. Promover la actividad se convirtió en una pretensión personal (de agradecimiento por lo recibido) y vocacional (al fin y al cabo, soy periodista, enviado especial de alma, y me encanta la idea de viajar para correr y correr para contar). Esa... promoción apunta a los aficionados, para que se sumen a esta sana y loca adicción (y así ensanchen la base) y finalmente a los atletas de elite, profesionales, esos que al talento natural le suman esfuerzo (para que sean más reconocidos). Eso permanece inalterable, también.

Hace un tiempo, mi médico personal, Alberto Intebi, también maratonista y otro de los impulsores de mis entrenamientos ("No te voy a dar remedios; te voy a recetar kilómetros y horas de descanso", me dijo una vez), me asustó un poco: "Vamos a tener que buscarte otra actividad para que te escapes: esta ya se está pareciendo a un trabajo, te exigís demasiados resultados", me alertó. En la misma línea, Sole Poli, gran compañera del #MiguelesTeam me habia sugerido: "¿Por qué no te vas a correr una maratón sin que nadie sepa, sin avisarle a nadie?". A los dos, doctor y confidente, compañera y amiga, les habia comentado con preocupación que me sentía irremediablemente lento. Que ya no iba a poder mejorar mis de por sí magros tiempos. Que me daba vergüenza y pudor, eso.

Creo que tomé como lección aquellas palabras de los dos. Y, sin perder tampoco la esencia de aquel debate público con mi amigo Varsky, sobre la competitividad o no del running (LINK 4), me propuse competir, pero para ganar algo difernte: volver a disfrutar el correr por correr; aceptar las limitaciones propias (en definitiva, ya tengo 54 años) y correr mejor. Correr mejor en todo el sentido de la expresión.

Eso siento ahora, cuando acabo de terminar mi último fondo largo, de 32K, a 29 días de London Marathon, después de recorrer un hermoso circuito que arranca en la puerta de mi casa, en el Bajo de San Isidro, y llega hasta el puente que une la avenida Figueroa Alcorta con la avenida Cantilo, después de pasar por Acassuso, Martínez, Olivos, Vicente López y Núñez. Otra vez sin mirar el reloj. Sólo al partir, sólo a la altura de la maratón, sólo al llegar. Solo, también, porque eso elegí. Siempre es mejor con los compañeros del #MiguelesTeam, que me alentaron al pasar por Paraná y el río, pero quería hacerlo solo, otra vez, con mi cabeza y mis pensamientos, además de mis piernas al ritmo que las piernas quisieran. Sin dolor, aunque los gemelos avisaron en el 24K que allí estaban, un poco tiesos.

Siento que disfruté, siento que voy a disfrutar. Con los pies sobre la tierra. Que eso trasciende el tiempo. Y los tiempos también.