¡Este año voy por el tercero!

¿Por qué voy en este año? Con un humor renovado, tal vez el que le da la madurez y la seguridad en sí mismo, Lionel Messi responde con una picardía que hasta hace poco tiempo no era propia de él. Y sus palabras, risueñamente, no tienen que ver con un tercer título (que tiene muchos más, aunque le falte uno) ni con un tercer gol (que también tiene muchos más, por supuesto). Su broma apunta al tercer hijo, que llegará este año, 2018, justo el año del Mundial.

Allá por mitad de año, justamente, Leo cumplirá 30 y también buscará cumplir, cómo no, uno de sus grandes sueños, que no es sólo de él, sino de todos los argentinos y tal vez también de varios de los miles de hinchas propios –Messistas- que él tiene alrededor del mundo. Distintos protagonistas, algunos con más intereses que otros, como el DT argentino Sampaoli, se han hecho eco de una frase que empezó a dar vueltas en el mismo instante en el que la Argentina se clasificó angustiosamente para Rusia 2018: que el fútbol le debe un Mundial a Messi. La frase es paradójica, porque tal vez sea Messi el que se lo deba (sobre todo, a sí mismo) pero su lógica se asienta en todo lo que él ha dado a lo largo de estos años. El debate sobre el mejor futbolista de la historia sigue y seguirá, seguramente sin definición, pero hay algo que Messi se ha ganado de manera indicustible: la continuidad en lo más alto. Pocos, o ninguno, ha reinado durante tanto tiempo y con tanta influencia: es prácticamente una década en lo más alto, que podría coronarse, cómo no, levantando la Copa en Rusia.

Qué hará de diferente para lograrlo, después de haber sido un jovencísimo actor de reparto en Alemania 2006, un desperdicio en Sudáfrica 2010 y una frustración dolorosa por lo cerca que estuvo en Brasil 2014 es el gran tema de estas horas, cuando el comienzo del Mundial está al alcance de la mano. ¿Hará lo que le sugirió Diego Armando Maradona, en su libro “Así ganamos México 86”?  "Messi, hoy, puede ir y levantar la Copa del Mundo en Rusia. Lo único que le diría es que se prepare él solo. Como hice yo con el profesor Del Monte, antes de México, que se prepare él solito para el Mundial de Rusia. Porque con el Barcelona está sobrado, está más que hecho, no tiene ninguno problema, ya ganó todo lo que tenía que ganar y puede decir, como yo le dije al Napoli: 'Los quiero mucho, ya les di un montón, pero ahora mi prioridad es la selección". Y así puede ir y levantar la Copa en Rusia. Es fundamental que él se prepare mental y físicamente para su última oportunidad. No tiene que empezar ya. Pero cuatro o cinco meses antes, sí".

Díficilmente haga algo tan tajante y rotundo, pero lo cierto es que algo ha cambiado desde que el seleccionado sacó su boleto a Moscú, en aquella noche de Quito en la que Messi aplastó a Ecuador y demostró que es capaz de cambiar la historia, de un partido y de mucho más. El plan comenzó esa misma noche, tal vez al día siguiente, pero lo cierto es que se ha ido cumpliendo, cada vez de manera más notoria, para que él llegue de la mejor manera a la definición de todo aquello que estará jugando. Y con él, claro, sus equipos.

En la última temporada ha demostrado que puede influir sobre sus compañeros, aunque le falte alguno vital: sin Neymar en Barcelona, brilló del mismo u otro modo; en el seleccionado, se reencontró con sus viejos socios; en cualquier caso, él es la variable diferencial. De los rivales casi ni habla y la sensación es que de verdad le da lo mismo; o, mejor todavía, los prefiere mejores. Salvo (nada menos, cierto) en esas tres finales que perdió con la selección argentina, el mejor Messi se ha visto cuando mejores adversarios ha tenido enfrente; como si el talento ajeno potenciara el suyo. Eso, tal vez, es lo que se ha visto más con la camiseta de Barcelona que con la camiseta argentina. Pero ahora parece avanzar con las dos por el mismo camino.

Lo cierto es que el plan es la dosificación de esfuerzos. El primer paso lo dio en la última gira de la Argentina justamente por Rusia, cuando Leo jugó sólo el partido inicial, contra la selección local, pero ya no lo hizo en el segundo, contra Nigeria. Más allá de que su ausencia fue notable, el argumento sonó consistente: “Acordamos con Sampaoli. La temporada será muy larga y es necesario llegar bien al momento más importante”. La respuesta del colega de Sampaoli en Barcelona, Ernesto Valverde, no tardo en llegar: no sólo no lo convocó para jugar un intrascendente partido por la Copa del Rey, sino que por primera vez en mucho tiempo también lo hizo descansar en uno por la Champions League. Mientras tanto, Leo aprovechó ese tiempo para irse unos días de vacaciones con su familia.

Selección, Barcelona, familia. Tres pilares sobre los que se asienta ya no sólo la carrera de Messi, sino su vida misma. Y el plan es que ninguno de esos pilares sufra por exceso de peso o por falta de atención. ¿Qué quiere? Quiere llegar a Rusia campeón con Barcelona para ser campeón con Argentina. Y así sentirse… el papá del fútbol. Allí está la clave para que Messi, a los 30 años, llegue de forma ideal a la disputa del título que le falta. El único. Y eso es lo que está dentro de su cabeza…

Familia (30%), Barcelona (30%), Mundial (30%), Compañeros (5%), Goles (5%), Rivales (0%).